
Hay poemas a los que uno siempre regresa por diversas razones. Sus versos nos abrigan cuando las cartas vienen malas o nos ponen de pie cuando llevamos demasiado tiempo arrastrándonos por el fango. Mi educación sentimental les debe demasiado a los poemas que escribieron los muchachos de la fotografía: Blas de Otero, Ángel González, José Manuel Caballero Bonald, Carlos Barral, José Agustín Goytisolo, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente. Este grupo decidió viajar a Colliure en 1959 para rendir homenaje a uno de sus maestros: don Antonio Machado. Como el maestro, estos poetas escribieron la historia moral de un país en un tiempo de silencio. La mayoría ha desaparecido, pero su poesía sigue siendo una casa encendida en las noches más negras, una isla en mitad del vertedero.
Dejo un poema de Jaime Gil de Biedma y la interpretación que de él hace el maestro Miguel Poveda. Es mi manera de saludaros tras el bello verano y mi larga ausencia. Bienvenidos de nuevo. Disfrutad.
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
JAIME GIL DE BIEDMA, Poemas póstumos, 1968

1 comentarios:
Odio ese poema. Que real es. Prefiero las ilustraciones para evadirse.
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