Nací para robar rosas de las avenidas de la muerte
Charles Bukowski

viernes, 28 de noviembre de 2008

El buen amor

UN CORAZÓN EN INVIERNO











"Por amor de esta dueña / fiz trovas e cantares" nos cuenta el Arcipreste de Hita en su Libro de Buen Amor. Yo he escrito, vivido y cantado con un secreto; soy el halcón que a una señal de tus ojos abrirá sus alas y descenderá los días, desde la alta cumbre de diciembre, para dejar en tus manos el oro de las tardes. Soy el amante de una canción de amigo, que nunca dejará de esperarte en las mañanas frías, en las noches más tristes, en cualquier rincón del año.




Yo, como Drácula, también he cruzado océanos de tiempo para reencontrarte. He sentido la caricia de la vida con sus uñas rotas y la sangre que hay detrás de cada beso. No hablo de los epigramas de Catulo (Dame, amor, besos sin cuento) ni del Desmayarse, atreverse, estar furioso de Lope de Vega; hablo de los trenes que hemos perdido, del agua que no desemboca, del déjame sentir la exhalación de tus poros y palpar tu vello, imagen humana de agua y de albúmina destinada a la anatomía de la tumba, y déjame morir con mis labios pegados a los tuyos. Quien lo probó lo sabe.




Gracias por tantas cosas que me has dado sin saberlo: tus manos frías en mis manos, las risas, las cervezas tranquilas, las palabras, la película de la que no me enteré por mirarte, los abrazos, nuestros pasos sobre las hojas muertas, los besos, tus ojos donde sigo nadando sin hacer pie, el sudor de tus manos en mis manos, todo lo que ningún poema y ninguna canción pueden explicar. Gracias. Todavía puedo mirarme al espejo, de lauro y hiedra coronado, tocado por la vida, como Fray Luis de León. Yo, que nada tengo, sigo guardando un diamante en el bolsillo.



Sin ti, cintura con cintura, este invierno va a ser muy duro. Será necesario regresar de los álamos. Ahora nada merece la pena, pero es ahora, más que nunca, cuando hay que avanzar, estar de acuerdo con la vida y vivir cada día como si fuese el último. Ser, como nos dijo Pasolini, campeones de la alegría. Tú me lo has enseñado.



Hoy te dejo un cuadro de Caravaggio (Amor Victorioso), un poema de Luis López Álvarez y una canción que conoces. Todavía tengo guardado para ti el mapa del tesoro. Y te sigo esperando: rotundo, fuerte, seguro, grande, abierto y cálido. Sin fecha ni condiciones.



Compañera
Para siempre me tienes a tu vera,
la querencia me aposta a tu costado,
y si acaso me ausento de tu lado,
tendida junto a ti dejo mi estera.

Para siempre me tienes, compañera,
para siempre me tienes aferrado,
parra que alzas, rosal que te ha trepado,
yedra tenaz, osada enredadera.


Yo nunca cejo, amor, yo nunca cejo,
a menudo me vuelvo en el camino
y en el rostro me llevo tu reflejo.


Nunca me alejo, amor, nunca me alejo,
de pájaros me lleno y me culmino
y me venzo hacia ti, por ti me inclino.







7 comentarios:

MA dijo...

Por supuesto esto sacia la sed de cualquiera. Pero jolines, me ha costado una hora de búsquedas en internet. ¡Demasiado amor enquistado!. Y yo, insisto y vuelvo a preguntar, ... ¿es la chica de los ojos navegables?. Y es cierto, siempre se nos pasa algún tren. Habría que cambiar de medio de transporte.
Saludos nocturnos. Me voy al tejado a ver si olvido lo iguales que podemos llegar a ser los humanos.

Anónimo dijo...

Eres un maestro. Dichosa ella, ojalá sea capaz de recoger todo esto.
Yo tambien tengo razones para cantar: ya sé que no soy la última persona en despedirse del sol cada tarde y que el primer escalofrío de la mañana al abrir mi balcón, va acompañado de una caricia sincera.

Pijoaparte dijo...

Que lo último que se lleve el sol a la cuna del mar cada atardecer sea el abrazo de tus ojos, explica el origen de la luz y sus bondades. Quién fuera sol.

MA dijo...

¡Qué románticos!¡Qué pasionales!...¡Qué envidia!.

Juanan dijo...

¿Dónde está esa elusiva cabecita blanca que todos quisieramos apretar como un racimo entre nuestras manos cada día?

Yo ya he guardado las guirnaldas amarillas en el altillo y me parece que la luz verde del muelle al otro lado de la bahía se ha extinguido, perdida para siempre en la noche. ¿Dónde están las risas, las cervezas tranquilas y las palabras que me quitaste?

Afuera, las hojas siguen cayendo, las estrellas brillando, los amantes amando. Adentro, las puertas están selladas, los perros duermen, el invierno se arrastra y te envuelve como la noche.

Tú bien lo sabes.

Muchos besos.

Anónimo dijo...

A veces me asomo aquí, pensando que nadie me ve, para coger aire y encontrarme otra vez con(ti)migo.

Anónimo dijo...

Te ví el otro día. Caminabas erguido, tranquilo, acompañado y feliz. Te ví por el paseo central del bulebar del que antes huías . Despegado de los muros de los edificios, lejos de los cristales de los escaparates, con aire triunfante, camino a casa. Te ví y me alegré, sentí tu felicidad, tu esperanza y tu alegría sin tapujos. Te ví y te envidié..y hubiese corrido a darte un abrazo de felicidades por tus felicidades. Te ví y me gustó verte sin que tú me vieses a mí.