Nací para robar rosas de las avenidas de la muerte
Charles Bukowski

jueves 8 de abril de 2010

Cafetín de Buenos Aires

LA TERTULIA: MESA UNO (EL TATO QUE NO CESA)


Cuando nos pidieron escribir un perfil sobre Horacio ‘Tato’ Rébora, se nos ocurrió comenzar parafraseando el célebre microrrelato de Monterroso: “Cuando el tango despertó en Granada, Tato ya estaba allí.”. La historia es conocida: un joven universitario argentino (Córdoba, 1948), militante de izquierdas por convicción y tradición familiar, al que el terror impuesto por una dictadura militar le obliga a exiliarse. El país que le acoge será Suecia, donde trabajará en un hospital y dará clases de Matemáticas y Física; pero la helada sociedad sueca y el excesivo aburrimiento provocan que a finales de los años setenta aterrice en Granada.

El tiempo de silencio parecía acabado y Granada era en aquella época un hervidero cultural. Tato suele contar que, durante su estancia en Suecia, solía dibujar un sueño: un espacio con libros, copas, conversaciones y risas. El 19 de abril de 1980 Horacio Rébora comenzará a amueblar el sueño tantas veces dibujado y abrirá una ventana en la ciudad. La Tertulia será, como el Cafetín de Buenos Aires que escribió Santos Discépolo, una escuela de todas las cosas, una mezcla de sabios, poetas, tangueros, pintores, cantaores y noctámbulos donde aprendimos a conversar mientras nos despojábamos, por unas horas, de las miserias de una vida demasiado quemada por el sol. Como escribe el catedrático Juan Carlos Rodríguez: " Veníamos a La Tertulia, este pacífico campo de batalla, para restablecernos de las heridas del mercado diario y obsceno donde vendíamos nuestros cuerpos y nuestras vidas sin sentido, y encontrarnos aquí, donde nos hacíamos la ilusión de que podíamos establecer otro comercio, otro mercado donde nosotros fuéramos realmente dueños de nuestras vidas y nuestros cuerpos. A ese otro comercio o trato de vidas lo llamábamos conversar. Porque si en La Tertulia se podía atrapar al tiempo, la otra atracción auténtica de La Tertulia fue en convertirse en el espacio de la palabra.”

Y volviendo al tango de Discépolo, los asiduos podemos decir que, además de tanta noche pródiga y mendiga, La Tertulia nos ha dado en oro un puñado de amigos, gente que alienta nuestras horas y nombres de gente que ya no está, pero que cada noche se sienta a la mesa con nosotros: María José, Esteban, Quisquete, Enrique Vázquez… Siempre hemos admirado la capacidad de reunir a gente, la generosidad y el carácter pacifista de Tato, que huyendo de la violencia y los fusiles, abrió un local donde fuese posible la palabra. Un local en el que la amistad y las conversaciones hicieron posible el encuentro de jóvenes que en la actualidad son figuras punteras en el mundo de la cultura. Hablamos de una historia también conocida: en los primeros años ochenta y dispuestos a llevarse la vida por delante, Javier Egea, Luis García Montero y Álvaro Salvador, con el patrocinio de Juan Carlos Rodríguez, fundan la Otra Sentimentalidad y una escuela poética cuyos discípulos han sido clientes y camareros de este local, tomando “ora la pluma, ora la copa”. Mariano Maresca forja la revista Olvidos de Granada en la que colaboran, entre otros, Juan Manuel Azpitarte, Juan Carlos Rodríguez, el pintor Juan Vida y los poetas de la Otra sentimentalidad. Además de los entonces jóvenes artistas, La Tertulia es visitada por maestros como Rafael Alberti, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Ángel González, Francisco Brines, José Manuel Caballero Bonald, Juan Marsé, Mario Benedetti, José Saramago, Imperio Argentina, Bioy Casares, Juan Gelman, Antonio Gala, Paco Rabal, José Hierro, Paco Ibáñez, Alejandro Barletta, Almudena Grandes, Carmen Linares, Vicente Amigo, Ricardo Carpani, Joaquín Sabina, Javier Krahe, Enrique Morente, Daniel Moyano, Antonio Muñoz Molina, Terenci Moix, Peridis, Jorge Edwards, Mario Muchnik, Javier Ruibal, Fernando Quiñones, Daniel Viglietti, Luis Eduardo Aute, Amancio Prada, Carlos Edmundo de Ory… y nos dejamos a muchos artistas que han pasado por el bar a lo largo de estos casi treinta años.

Pero la vitalidad y curiosidad de Tato hicieron que no se conformase con La Tertulia. Javier Egea, que además de un altísimo poeta fue un magnífico camarero de la primera época del bar, lo llamaba cariñosamente “el Tato que no cesa”. En 1989 pone en marcha el Festival Internacional de Tango de Granada, que este año cumple su vigésimo segunda edición. Ha dirigido hasta el momento ocho cumbres mundiales del tango en Buenos Aires, Granada, Montevideo, Lisboa, Rosario, Sevilla, Valparaíso y Bariloche; ha sido el creador de la iniciativa y miembro del comité organizador del encuentro de la “Cultura latina en los umbrales del nuevo siglo”, coordina el proyecto “Embajada Cultural de Granada a Buenos Aires”, crea y organiza durante cuatro años el proyecto “Cultura en la Educación”, funda y dirige durante seis años la empresa “Andaluza de Congresos y Exposiciones”, coordina y programa la primera Bienal de Flamenco de Buenos Aires, dirige el primer Festival Internacional de Flamenco de Rosario y ha sido responsable de diversas actividades: exposiciones de pintura, recitales de poesía, teatro de cámara, conferencias y conciertos realizados por la Asociación Cultural “Café Bar La Tertulia” durante treinta años en Granada.

En abril de 2010 La Tertulia cumplirá treinta años. A pesar de las ordenanzas municipales, del acoso policial y de que las noches cada vez sean más cortas, el lugar sigue en pie, idéntico a sí mismo. Como Tato dice, para algunos será una forma de recuerdo y conmemoración y para los jóvenes asiduos de hoy, será una manera singular de relacionarse con otro tiempo desde el mismo espacio. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos, pero en las mesas de La Tertulia siempre habrá una garganta con arena y una bandera rota con la que torear la zancadilla de los días y otra vez se suben al escenario nuevos jóvenes que desean ser cantautores, poetas, actrices o simplemente quieren navegar aferrados a la barra. El naufragio es dulce en este mar.

Querido Tato, salud y gracias.







5 comentarios:

Isabel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Pijoaparte dijo...

Pero Isabel, no suprimas nada. Con la ilusión que me ha hecho tu visita. Déjate ver de vez en cuando. Un beso.

Isabel dijo...

Me pillaste!!
Siempre ha sido para mi un placer ver sin ser vista, un lujo ( o un vicio) que no siempre una se puede permitir.
Me preguntaba en el comentario suprimido, dónde he estado yo escondida en esos treinta años..y si no será demasiado tarde para salir del escondite..je, je.
No, ya no me escondo, prefiero la luz del sol en la cara aunque se me arrugue el entrecejo.

Muchos , muchos besos.

Isabel dijo...

¡Hola!
Espero que, como le ocurre al otro maestro,sea la felicidad doméstica la que te sujeta y no te deja caer por aquí..
Perdón por la indiscreción, pero: todo va bien, ¿verdad?; y sobre todo, si no lo fuese, me darias alguna pista, ¿a que si?.
Yo por si acaso, me sigo asomando.

Bueno, feliz fin de curso y largo estío.
Un beso.

Mrs. T dijo...

Pijoaparte, no se recoja las faldas.

Un abrazo.