Cuánto nos abrigó su voz, la pena que, con una mano extendida, dejaba salir a raudales de su pecho. Con mucho esfuerzo, mucho trabajo y una genialidad que descolocaba a cualquier flamencólico, Enrique Morente ha dejado una inmensa enciclopedia cuyo valor aún no podemos apreciar. El respeto que siempre mostró con sus maestros y el cante y una infinita curiosidad, han hecho que Enrique Morente diese un salto mortal en cada disco y se jugase la vida cada vez que subía a un escenario. Fue un enorme cantaor, pero fue mucho más. Con Omega abrió a machetazos un camino por el que sólo ha transitado él, incorporó al flamenco lo mejor de la poesía española y abrazó el rock, el tango o el jazz con una aparente facilidad que resultaba solemne y la seriedad de quien sabe que en el flamenco no caben las tonterías. Fue su crítico más feroz y esa capacidad impidió que se engañase o engañase a su público.
La humanidad y generosidad de Enrique Morente son conocidas por todos. Una de las veces que lo acompañé a tomar la “espuelilla”, después de La Tertulia y camino del Sacromonte, me hablaba ilusionado de su “Triología” y de los “Fandangos de la República” de Manuel Vallejo. Acabamos tarde y, al despedirnos, dijo con su tierna ironía: “yo no salgo todas las noches por gusto, salgo buscando una guitarra”.
Aunque es de noche, en medio de la desolación, nos queda su voz, siempre en vanguardia, vigilando los sonidos del futuro. Y aprender a vivir sin dioses tan humanos.
Maestro, gracias y hasta siempre.


14 comentarios:
Al principio me desconcertabas por tu... anonimidad y máscara.
Ya se por que sitios andas Ma.
¡Guau!, ¿como me has encontrado?. Debo estar perdiendo poderes. He estado esperando una nueva entreada tuya, en tu blog, digo.
Me refugio en pocos sitiod, este es uno.
Y cuando se van los grandes, ¿no pensais que todo alrededor es mediocridad?
¿Guau?. Quise decir Miau. ¡Esto del bilingüísmo....!
La mediocridad, la banalidad, el facilismo, lo frívolo y la vulgaridad siguen siendo signos de identidad de nuestro tiempo, estén o no estén vivos los grandes. Su mérito es hacer esa realidad más respirable y hacer del mundo un lugar mejor, por lo menos distinto, con su obra. Personas como Enrique Morente son, por así decirlo, mirlos blancos. Por su humanidad y su genio. Y quien quiera comprobarlo, ahí están sus discos. Faros que alumbran en un mar de basura.
Tu identidad queda a salvo, solo soy un mistico al que lee una gata encuerada y tu una gata encuerdad que hace que el mistico tenga ganas de escribir.
Te has criado en las noches mas estrelladas de Granada y Morente al igual que muchos otros del cielo particular era una de esas etrellas.
¿Encuerada o en cueros?
Vivir es grave, y jugamos a banalizar los dias sin saber que, por el camino, perdemos retazos de nuestra existencia.
Conocí al maestro una noche rara de reencuentros imprevistos. No he entendido hasta ahora el regalo que fue verlo cantar entre sus amigos.
Encuerada y/o en cueros según la situación y la compañía. Para bloguear, siempre encuerada. Ya sabes, Pijoaparte, que no se puede andar de tejado en tejado desnudo. Para eescribir, casi siempre en cueros.
Besos navideños para todos.
....y champán del bueno.
¿Ves?, 4 puntos de sutura en la única parte del cuerpo que llevo sin cueros, el párpado. ¡Menudo ojo se me ha puesto, joder!
Espero que tu ojo este bien Ma.
Siempre me atrajeron las pupilas felinas.
Ramón, te invito a pasarte por mi tejado:
http://explotarenelvacio.blogspot.com/
No tiene la categoría del tuyo, pero....
Lugaheros, mi ojo mejorando pero adquiriendo colores de lo más diverso. ¡Increible, lo camaleonico que puede llegar a ser un ojo!
Fabulosa, Ramón, fabulosa esta presentida memoria que lleva tu nombre pero también el sentimiento de muchos. Un abrazo.
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