PUTOS MODERNOS
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| Hanna Höch, Roma |
Viernes noche. Cuatro emite en Callejeros un especial sobre arte (Por obra de arte) que se convierte en un desfile de pijos mostrando sus humildes palacetes. Me llamaron la atención el grafitero que coleccionaba zapatillas deportivas de diseño exclusivo (unos 1800 euros el par), “si lo quieres, paga”, decía el pisaverde; el moderno con sirvienta hispanoamericana que diseñaba figuras de silicona y coleccionaba baratijas de la serie Perdidos de las que no quiso decir el precio porque “sus padres le habían enseñado desde pequeño a no aparentar y nunca hablaba de dinero en general” y el arquitecto cuya “mirada y manera de entender el mundo es distinta por ser gay”. Todos ellos coleccionistas de cuadros y fotografías de precios inalcanzables pero, eso sí, con un marcado mensaje de denuncia social: un cuadro en el que dos tipos famélicos comen el vómito de otro tipo, una figura de silicona de un mendigo cubierto por cartones, fotografías de imitadores de Elvis con la polla fuera… en fin, el arte. Dejo para otra ocasión la casa museo del cofrade de Miguel Caiceo. Por fortuna, el bendito trankimazin no tardó en hacer efecto y he conseguido despertar ileso.
De la denuncia a la frivolidad, es el giro que ha dado este programa en el que para hablar de arte, gastronomía o música es imprescindible que un grupo de personas muestren sus zapatillas, su salón, sus inseparables gadgets de Apple y su inodoro. Buen provecho les haga.
Para entender de donde viene toda esta panda de modernos, recomiendo la lectura de cualquier novela de Rafael Chirbes, pero la última, Crematorio (Anagrama, 2007), da en el clavo:
Para ella, Silvia […] es la representante de esa clase que finge ignorar la clase, y a la que ella ya no tendrá acceso. Silvia, su marido (a su marido se le ve la patita de la zorra: esconde a sus padres, como ella misma esconde a su madre), la gente que frecuentan, dan por supuesto que, en ellos, es algo genético; que la llevan dentro y no la necesitan, ni la pierden aunque digan palabras groseras, aunque vistan con descuido y hagan gestos vulgares, gente que se pasa el día intentando demostrar que no le dan importancia a lo que más valor tiene; que las cosas les caen por casualidad, que no les queda más remedio que usarlas porque las tienen, no demostrando ningún apego, cuando no podrían vivir ni un minuto sin nada de eso a lo que fingen no darle importancia; cuando pierden el culo por eso, se van a París a buscárselo, remueven y marean en las tiendas, y luego se ponen lo que han comprado como si les hubiera caído del cielo. […] A eso, ellas, Silvia y sus amigas, como lo han tenido, fingen no darle importancia, pero enseguida detectan a quien carece de ello, a quien no lo tiene.


4 comentarios:
¡Es la primera vez que haces critica social!.
Yo vi un trozo de ese programa, me quedé en las zapatillas y en el Elvis. No entendí lo de comprar objetos y guardarlos en "cajas y cajas". Bueno, tampoco entendí lo de coleccionar zapatillas (me pregunté si eran de su número o eso daba igual). Un día vi un trozo de "mujeres ricas" (pornografía pura, con los tiempos que corren). Y esta noche quiero echarle un vistazo a "princesas de barrio".
Todo esto, si no lo miras desde el punto de vista antropológico, no tiene ningún sentido y ofende.
Hoy. por casualidad he encontrado en un blog una referencia a tí y a tu poema "Homenaje". Los he remitido aquí. A ver si aparecen.
¡Ah! no pude ver las pricesas.
¿Todavía existes?
Ya me he comprado Coser y Cantar. Voy a escucharlo, pero por lo que llevo visto, mediocre en comparación con lo previo. Las letras, como poesias, preciosas; como crítica e ironia punznate, psss.
Otra vez llega la primavera,... a ver si sales.
Que sepas que sigo viniendo.
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